sábado, 18 de febrero de 2012

Desde la altura el sonido de la ciudad no se diferencia del que hacen las olas del mar.
Las montañas son tsunamis que invaden el valle que es la ciudad.

Yo juego al sacerdote en el teatro de Dios,
mi ropa es blanca para decir y celebrar las cosas que valoramos por sobre todas las cosas.

Digo:
Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Pero, ¿acaso no estamos diciendo?:

Bienvenido,
Tus padres y los padres de tus padres
se reúnen con sus mejores ropas para recibirte,
Luz de nuestras vidas.

Decimos a los padres,
tan simple es el misterio que nos enseñaron,
Traiga una vela,
nombre padrino o madrina,
póngale ropa bonita,
el clásico marinerito,
el vestido que acalora,
la diadema rosada,
el pompón más grande que la oreja.

Y se oye:
Todo lo mejor venga sobre ti,
siempre seas cuidado y querido.

Luego cae el agua,
¡tan largo es nuestro amor y apenas llegas!
Si te vas, Dios no quiera,
puedas vivir en el mejor lugar que imaginamos posible,
junto a suaves manos prestadas,
siempre atentas, guardianas y sonrientes
¡Dios quiera que sus ángeles sean ciertos
y haya querubines que jueguen contigo!

Yo digo:

Effetá/ ábrete

y toco,
con tus padres por testigos,
tus ojos,
tu boca y
tus oídos

Expresan,
(¿quien dice que hablar es sólo palabras?)
nuestra mejor manera de decir:

Que veas,
oigas,
y sientas el mundo.
Que tu boca tenga una palabra para crear y defender lo que consideres valioso
Que vivas como nosotros hemos vivido,
que te puedas abrir paso y florecer en tus propios términos.

Celebramos matrimonios
Yo te desposo,
(y al final)
Hasta que la muerte los separe,
que son esa manera de decir
"Te quiero" hasta los confines de la tierra,
Quiero afrontar lo nuevo y lo incierto de tu mano.

Y oímos, cuando no entiendes pero quisieras poder comprender,
Perdonamos, en nombre de lo más grande,
aquello que no te atreves a perdonarte.
Eres amado aunque no te quieras,
Lo aprendiste de tus padres y quieres oírlo por siempre,
así sea,
así es.

Decimos,

Dale señor el descanso eterno,
brille para él la luz perpetua

Para expresar con los allegados:

Siempre te querremos.
Duerme en paz,
te lo mereces,
papá,
mamá,
o compañero de vida,
criaturita que comenzaba a vivir
muchacho tonto y querido,
No te vayas
querríamos estar siempre contigo.

¿Acaso no tiene significado ese reunimos para recordar juntos,
una última vez, sólo para ti
todos aquí,
lo que fuiste para muchos?
Luego caminamos contigo hasta que te cubra la tierra
¡ojalá nunca hubiera ocurrido!,
y volvemos a orar.
Que todas las medidas de las que somos capaces sean tomadas.

Luego, volvemos al año, juntos de nuevo, otra vez para ti,
a recordarte
(¿Cuántas veces no te pensamos hasta que nos dices,
"Vive como yo, que ahora también vivo"?)
y entonces te dejamos ir y comprendemos.

Partimos el Pan,
Oramos la paz,
¿Quién no se reconcilia,
o conoce a su amada,
en algún momento de los infinitos momentos de las misas?
(que no son cierres, ni cuevas cerradas, sino envíos)

Conmemoramos la comida en la mesa,
¡sabio fue ese hombre que supo dirigir nuestra atención a cosas importantes!

Y las bendiciones rutinarias, largas y cansonas
Que nadie diga
cuando las oye y ve a la gente apretujarse,
levantar sus manos y a sus pequeños,
y el agua caer de un hisopo
¿No se dice, en lenguajes más poderosos que las palabras,
"Que un poder mayor al que yo tengo te cuide más allá de mis manos"?

Mi nombre es Adam Wayne y estoy aferrado a un árbol, mi árbol,
sus raíces llegan hasta los confines del infierno
y sus ramas se disparan hacia la infinitud de las estrellas.

1 comentario: