jueves, 31 de diciembre de 2015

*Contra Parménides o la mariapalito

La inmovilidad de la mariapalito podría haber dado
a ciertos filósofos
razonamientos más convincentes que el de la flecha
o aquel otro más divulgado de Aquiles y la tortuga.

Ella no lo sabe
Si lo supiera luciría más filosófica de lo que parece

Todo llama a su transformación , nada quiere permanecer fijado a su ser
el poema pide ser prosa
la piedra pide ser agua,
el horizonte pide ser línea vertical

Pero la inmóvil mariapalito sólo quiere ser mariapalito

Muy flaquísima Señora del límite, del umbral
no sabe que, en realidad, ella es el más fino argumento
contra el estatismo que su apariencia pregona
que, sin que lo haya pedido, siendo un insecto de cuatro patas
algo dentro de ella, algo remoto, la mueve a ser palito

Por eso se llama así

Pero eso tampoco parece saberlo la mariapalito.

*Rómulo Bustos

lunes, 28 de diciembre de 2015

domingo, 8 de noviembre de 2015

De la historia del Arte

“Pero también descubrí que a la mayoría del público parecía que les gustaba sentirse partícipes de una conversación o un intercambio de opiniones más o menos fundadas sobre una obra de arte en particular o sobre determinados temas (en especial los provocadores o controvertidos), y sobre lo que ellos veían, pensaban y sentían." 
Robert Cumming. Arte, p.11 . De las guías visuales El Ateneo.

Materiales: Poliestireno expandido ("Plumafón")

https://es.wikipedia.org/wiki/Poliestireno_expandido

viernes, 23 de octubre de 2015

La llegada de las Águilas

Con el viento, se esparcieron las nubes, y una roja puesta de sol rasgó el oeste. Advirtiendo el brillo repentino en las tinieblas, Bilbo miró alrededor y chilló. Había visto algo que le sobresaltó el corazón, unas sombras oscuras, pequeñas aunque majestuosas, en el resplandor distante. 
¡Las Águilas! ¡Las Águilas! vociferó, ¡Vienen las Águilas! 
Los ojos de Bilbo rara vez se equivocaban. Las Águilas venían con el viento, hilera tras hilera, en una hueste tan numerosa que todos los aguileros del norte parecían haberse reunido allí, 
¡Las Águilas! ¡Las Águilas! gritaba Bilbo, saltando y moviendo los brazos. Si los elfos no podían verlo, al menos podían oírlo. Pronto ellos gritaron también, y los ecos corrieron por el valle. Muchos ojos expectantes miraron arriba, aunque aún nada se podía ver, excepto desde las estribaciones meridionales de la Montaña. 

J.R.R. Tolkien, El Hobbit, Fragmento.