Desde hace un par de años armo en Excel unos cuadros del tiempo que me ayudan a ubicar personajes, épocas y acontecimientos. Uno de ellos, dedicado a la prehistoria, llevaba tiempo abandonado. Dado que suelo estar más enfocado en la historia de las ideas, apenas tenía unas notas sueltas. Sin embargo, hace poco volví a él y logré darle una forma básica a partir de la pregunta por las edades y las eras.
Por aquí un poco de mi proceso de pensamiento.
El primer problema
Tomé como punto de partida la escala del tiempo geológico de la Tierra (1). Pero en ella no encontraba palabras que me resultaban familiares, como "paleolítico", "mesolítico" o "neolítico". Tampoco aparecía la famosa "Edad de Piedra", esa a la que, gracias a Los Picapiedra y a las novelas pulp, asociamos todas las imágenes de hombres de las cavernas, dinosaurios y de relatos fantásticos en que ambos conviven. Luego entendería que una cosa es cómo mide el tiempo la geología (relacionado con la tierra y sus procesos) y otra cosa el tiempo para la arqueología (relacionada con el ser humano y sus creaciones).
Tres edades para ordenar un museo
Pero la cosa va más allá: Buscando un poco, entendí que la denominación de ciertos momentos como "Paleolítico", "Mesolítico" y "Neolítico", surgió a comienzos del siglo XIX, cuando el danés Christian Jürgensen Thomsen ordenó las colecciones de antigüedades nórdicas de Copenhague según el material de los objetos: piedra, bronce y hierro (¡al fin!, ¡primera pista de estos nombres!)
Décadas más tarde, tomando esa idea, en 1865, el londinense John Lubbock dividió la Edad de Piedra en dos: Paleolítico ("piedra antigua") y Neolítico ("piedra nueva").
Respecto al Mesolítico ("piedra media"), la etapa intermedia, leí más recientemente que eso lo añadieron otros autores poco después (2).
Christian Jürgensen Thomsen retratado por J. V. Gertner
Lo que fui entendiendo: al principio pensé que "la escala geológica" había superado estas divisiones, pero no era así, estaba mezclando la medida sobre sobre las creaciones humana con aquella relacionada con el proceso de la tierra. Así que "a totazos", como dirían en Colombia, fui comprendiendo que estas escalas observan cosas distintas, que se pueden inclusive complementar pero que no son una misma cosa.
Ahora bien, la escala geológica mide la historia entera del planeta en millones de años. Dentro de esa escala también se mira a los seres humanos. Su aparición, usando sus términos, corresponde al periódo Cenozoico. Sin embargo, al mirar así, no entramos a ver las creaciones humanas, solo nuestra aparición como un ser vivo adicional dentro del proceso de la tierra. Al pasar al registro arqueológico, el de Thomsen, en cambio, ahí sí que podemos pasar a contar la historia de los artefactos humanos. La arqueología sigue usándolo hoy.
Hesíodo y Lucrecio: dos maneras de contar las edades
Pero regresando a momentos anteriores a esta claridad. Mi primera sospecha, al toparme con estos vacíos, fue que Thomsen se había inspirado en Hesíodo. El poeta griego habla de cinco edades: de oro, de plata, de bronce, de los héroes y de hierro. Lo que recordaba de ellas era su dirección: un descenso, una degradación progresiva desde el tiempo de los dioses hasta la dura era de los hombres. Pero en ese esquema no hay una Edad de Piedra.

Buscando más, me topé con un contraste que no esperaba. Unos seis siglos después (Hesíodo vivió hacia el 700 a. C.; Lucrecio, en el siglo I a. C.), el poeta romano Lucrecio cuenta la historia humana en sentido inverso. En el libro V de De rerum natura (hacia los versos 1283–1296) describe cómo las primeras armas fueron las manos, las uñas, los dientes, las piedras y las ramas; luego vino el fuego; después el bronce, y por último el hierro. Es casi el esquema de Thomsen, dieciocho siglos antes, y por eso suele citarse a Lucrecio, y no a Hesíodo, como su precedente clásico.
Pero lo que más me alegró fue el cambio de mirada. Para Lucrecio, el pasado no es una caída desde una edad dorada, sino un largo proceso natural en el que los seres humanos van descubriendo el fuego, el lenguaje, los oficios y la vida en común. No se trata, sin embargo, de un optimismo ingenuo: el mismo Lucrecio ve en ese progreso el origen de la ambición y de la guerra.
¿Hacia dónde conduce ese proceso? Aún no lo sé; conozco todavía poco de su pensamiento. Pero me quedo con este contrapunto a la visión de decadencia que había acompañado mis visitas a las edades míticas griegas.
1. Aquí una referencia de partida clara.
2.
Aquí más sobre las divisiones tripartitas mencionadas.
3. Esto lo he agregado en una entrada posterior de 24.09. 2026. Es un artículo que profundiza en el aporte de Thomsen: https://www.labrujulaverde.com/2020/10/como-un-historiador-danes-invento-las-tres-edades-el-sistema-de-periodizacion-de-la-prehistoria-y-la-protohistoria