El fin de semana pasado hice, junto con mi esposa y un primo, un recorrido guiado por el Sendero Canoa, del Bosque Protector Cerro Blanco, Guayaquil. Nos guió Mauricio Romero.
Cerro Blanco no es un bosque ajeno a mí, pero el ejercicio de atención que va poniendo nombres a lo que despierta mi curiosidad sí es algo más reciente que ha ido creciendo en mí con el paso de los años. Como parte de ese ejercicio de atención escribo este post.
El primer detalle fue ubicar el "bosque seco tropical" como uno de los ecosistemas de Guayaquil.
Durante mi vida he repetido muchas veces, y con creciente sentimiento de aprecio por lo propio, que tenemos un "bosque seco tropical", pero no me había detenido a pensar que Guayaquil tiene varios ecosistemas y que el bosque seco tropical es uno de ellos, así como lo es el manglar, entre otros.
Una anécdota que le contaba al guía es que cuando era niño me parecía "muy aburrido" que en la costa tengamos un "bosque seco tropical" y que eso sea motivo de orgullo, pues para mí era solo un "bosque seco" la mayor parte del año. Solo con el tiempo he aprendido a mirar que es fascinante que un bosque tenga una estrategia de supervivencia que consista en ‘ajustarse’ —por ejemplo, perdiendo sus hojas para ahorrar agua— durante durante un período del año a una fase climática como nuestro verano (una temporada seca), para retornar a su periodo de "plenitud" en el invierno (la temporada lluviosa). Ahora inclusive he pasado a pensar: ¿y qué pasa con toda la vida animal, vegetal y... humana en relación con estos cambios?
Pasando a las fotos.
La primera imagen que comparto es este Ceibo. Lo nuevo para mi fue salir de un error simple pero que tuve marcado por algunos años: creer que la palabra ceibo y ceiba podían significar cosas diferentes. Alguna vez recorriendo Colombia me topé con un árbol hermoso y gigantesco "muy parecido" a los árboles de ceibo que he visto en Guayaquil. La diferencia era su tamaño colosal. Cuando en esa ocasión pregunté por su nombre me dijeron "es una ceiba" y quedé maravillado por su tamaño. Por alguna razón pensé que era algo diferente de nuestros Ceibos. A eso se sumó el hecho de que estaba leyendo una novela colombiana llamada "La ceiba de la memoria", que contribuyó a reforzar esta impresión.
Durante esta visita, retomé el tema y me aclararon que podía llamarse con tranquilidad ceibo o ceiba. O sea: la diferencia entre las palabras es de género gramatical, no botánico; ambos árboles pertenecen al mismo género, Ceiba, aunque son especies distintas.”
Ceibo
Otra cosa que se quedó conmigo luego de hacer este recorrido fue la idea de que los líquenes son como indicadores ambientales de la calidad del aire porque son sensibles a contaminantes del aire como el dióxido de azufre. Si vemos estas "manchas", a las que yo simplemente consideraba hongos y que resultan ser una simbiosis de hongos un hongo con algas o cianobacaterias (esto ya me supera), tenemos una señal de buena calidad de nuestro aire.
Líquenes en un tronco, señal de buena salud del aire
Higuerón
Sobre el árbol de balsa y el (futuro árbol) matapalo: Si comparten mi ignorancia verán solamente un árbol rodeado de lianas. Sin embargo, lo que consta en la foto es el árbol de balsa y aquello que lo rodea es un matapalo, un tipo de árbol que crece sobre otros, envolviéndolos con sus raíces y quitándoles la luz hasta asfixiarlos... Nos indicó el guía que no debemos pensar esto de manera moral, sino como una estrategia de supervivencia que también tiene su sentido y beneficio para el ecosistema del que forma parte.
Mi comentario se debió a que mientras comenzaba esta explicación el guía nos indicó que el árbol de balsa ha sido sobreexplotado en otras zonas del país, pero aclaró dos cosas: no corría ese peligro en esta área protegida y, por otro lado, que era política de ellos no intervenir en el normal desenvolvimiento de la vida de las especies dentro de los linderos de esta área protegida.
Balsa y el malvado Matapalo
La madriguera de una tarántula o de cómo la naturaleza no tiene por qué ser estética ni de nuestro agrado. Aunque no logré retratarla sí la podíamos ver claramente. No quise intimidarla acercándome de más. Al mirarla, mi esposa recordó a las arañas a las que se llama "viudas negras", debido a la estrategia del canibalismo sexual: hay ocasiones en que las hembras no están de ánimo para reproducirse con los machos y entonces... los matan y se los comen (!).
En lo personal, no me gustan las arañas grandes y, por supuesto, no sería una visita de mi agrado. A pesar de la historia contada, la manera en que Mauricio nos habló de este tipo de araña y señalar que esta era una cría hizo que pudiera apreciarla con una curiosidad más abierta (al menos por esta ocasión).
Tarántula
El Beldaco: al principio lo tomé por un ceibo, y no iba tan desencaminado, pues el guía nos indicó que eran de la misma familia. Me impresionó una de sus raíces "tabulares", que salía del suelo y nos cerraba el paso.
Beldaco
El riachuelo y los cauces naturales del agua de la cordillera. Cerro Blanco es el nombre con el que llamamos a esa parte de la Cordillera Chongón-Colonche que comprende la reserva. Me hizo pensar en los cauces naturales del agua, los ecosistemas, y en las cosas que ocurren cuando no los respetamos, como ocurre actualmente con la entrada de Ciudad Celeste en Samborondón, una zona baja de antiguos arrozales y humedales (otro de los ecosistemas de nuestro sector) y que al rellenarlo a las bravas, para construir, nos recuerda cada invierno, con la fuerte inundación del sector que la naturaleza sigue siendo la que manda.
Un riachuelo
Trataré de agregar aquí un detalle "bonito" del recorrido: al acercarnos al riachuelo se escuchaba un sonido como de grillos cantando, pero con un tono un poco diferente al que estoy acostumbrado. Pregunté por el sonido y el guía nos supo indicar que no eran grillos, sino unas ranitas a las que popularmente se llama machalillas, por el lugar en el que fueron identificadas por primera vez (el Parque Nacional Machalilla en Manabí). Son unas ranitas realmente pequeñas, en las que no habría reparado al estar pensando en grillos o tener ese reflejo mental de que las ranas tienen un tamaño mayor.
Por cierto, agregando un detalle sobre expectativas: dada la hora, casi 10 de la mañana, no vimos muchas aves. Lo que pude ver e identificar con cierto orgullo fue un gavilán planear cerca de uno de los tramos de nuestro sendero.
Finalmente, aunque no se los aprecia del todo, en la imagen hay unos peces llamados popularmente "guaijas". Mauricio nos indicaba que estos son una de las comidas preferidas del murciélago pescador que habita en el sector. Un detalle interesante sobre estos murciélagos, es que, a diferencia de otras especies de murciélago, tiene patas muy grandes, con garras largas y curvas, que usa para pescar al modo del águila pescadora, algo que no es común entre las otras especies de murciélago de la costa, cuyas patas son pequeñas y les sirven sobre todo para colgarse cabeza abajo mientras descansan
Pez Guaija
Cerrando esta entrada: Mauricio nos indicaba que el recorrido diurno tiene su belleza, pero que ofrecen otro tipo de recorrido, nocturno, que nos permite apreciar, con algo de suerte otros especímenes, como los distintos tipos de felinos que habitan el sector, y modos de comportamiento de la vida nocturna. ¡Quedará para otra! Sinceramente, no habría pensado que un recorrido nocturno tendría mayor provecho que contar historias de terror.







