Llevo tu corazón en mí (lo llevo,
en el mío) no lo dejo (dondequiera
que voy, tú vas, querida; y lo que hago
lo haces tú, queridísima)
no temo
al hado (dulce hado mío) no
quiero el mundo (tú lo eres, fiel belleza)
tú eres lo que una luna siempre ha sido
y lo que un sol entonará por siempre
he aquí el mayor secreto e ignorado
(aquí raíz de raíz brote del brote
sombra del árbol que se llama vida;
más alto que esperanzas y pensamiento)
y tal prodigio rige las estrellas
tu corazón en mí (va con el mío)
E.E. Cummings
Versión de Alfonso Canales-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969
*Amediavoz.com
domingo, 4 de marzo de 2018
sábado, 3 de marzo de 2018
Plastilina
Me quedó el gusto por la plastilina después de los "cine-foro" con los niños y madres de la Casa de Acogida del Hogar de Cristo de Guayaquil.
Hay toda una historia sobre la experiencia con la Casa de Acogida pero requiero de más tiempo para redactarla. Tal vez cuando le termine de encontrar la forma y la concluya forme parte de este post o de otro. Por ahora solo quería decir que llegué a la plastilina a través de ese foro.
Con el tiempo y el gusto de seguir jugando con ella he descubierto que se parece mucho a dibujar. Para crear algo en ella uno debe mirar con atención las cosas y retocarlas en donde estas lo vayan requiriendo. La diferencia con el dibujo es que acá no se busca la sombra sino el volumen adecuado. Coinciden, en cambio, en el cuidado de los detalles y curvas en las cosas, esto es, en el trabajo con la forma.
De manera más existencial, me coincide con el dibujo en que me ayuda a contemplar de manera activa la belleza y complejidad de las cosas que nos rodean. ¡Es increíble el detalle que uno encuentra detrás de cada una de las cosas que da por sentadas! Recuerdo la experiencia de intentar hacer un caballo. Me imaginaba conversando con mi ahijado sobre los misteriosos persas y de repente lo hallaba fascinando obsevando un caballo de plastilina que yo ponía sobre la mesa. "Los persas" quedaban grabados en su mente por primera vez.
Mi ahijado aun no tiene la edad para hacer el experimento pero yo sí comencé el entrenamiento. Al poco tiempo de trabajar haciendo el futuro caballo de regalo me topé con el concepto volumen. La forma de la cabeza del caballo estaba "bien", el torso también decía "algo", pero las patas...me atoraba en unas patas demasiado flácidas. Buscando la forma de las patas adecuadas, ojeando imágenes en internet y, viéndome forzado a acrecentar una y otra vez su volumen, comprendí la fuerte impresión que producen los muslos de los caballos (y también el uso de la palabra "potra", aquella que se usa en jerga masculino-machista para hablar de la impresión que ciertas mujeres pueden producir).
Estuve revisando un poco de información sobre ella y veo que se le puede agradecer a dos personas que se disputan su invención: Franz Kolb, un farmacéutico de Munich, Alemania que tenía amigos escultores y William Harbutt, profesor de arte, Inglaterra. Respecto a Kolb, se dice que algunos de sus amigos se quejaban con él de que la arcilla que utilizaban para hacer sus trabajos se secaba demasiado rápido y, "entao", el señor Kolb se puso manos a la obra (1880). Con el tiempo presentó sus ideas a la Faber-Castell y esta comenzó su producción a escala industrial. Respecto a Harbutt, se dice que estaba buscando un tipo de arcilla que no se secara para sus estudiantes de escultura (1897).
Otro dato: encuentro que el nombre "plastilina" viene del uso común, en América Latina, del nombre de una de las marcas que la fabricó. Sus nombres formales, para los que no encontré una traducción convincente en español (así de fuerte es su nombre común), son "plasticine" o "arcilla para modelar".
Obrigado para los señores Kolb y Harbutt.
De manera más existencial, me coincide con el dibujo en que me ayuda a contemplar de manera activa la belleza y complejidad de las cosas que nos rodean. ¡Es increíble el detalle que uno encuentra detrás de cada una de las cosas que da por sentadas! Recuerdo la experiencia de intentar hacer un caballo. Me imaginaba conversando con mi ahijado sobre los misteriosos persas y de repente lo hallaba fascinando obsevando un caballo de plastilina que yo ponía sobre la mesa. "Los persas" quedaban grabados en su mente por primera vez.
Mi ahijado aun no tiene la edad para hacer el experimento pero yo sí comencé el entrenamiento. Al poco tiempo de trabajar haciendo el futuro caballo de regalo me topé con el concepto volumen. La forma de la cabeza del caballo estaba "bien", el torso también decía "algo", pero las patas...me atoraba en unas patas demasiado flácidas. Buscando la forma de las patas adecuadas, ojeando imágenes en internet y, viéndome forzado a acrecentar una y otra vez su volumen, comprendí la fuerte impresión que producen los muslos de los caballos (y también el uso de la palabra "potra", aquella que se usa en jerga masculino-machista para hablar de la impresión que ciertas mujeres pueden producir).
Estuve revisando un poco de información sobre ella y veo que se le puede agradecer a dos personas que se disputan su invención: Franz Kolb, un farmacéutico de Munich, Alemania que tenía amigos escultores y William Harbutt, profesor de arte, Inglaterra. Respecto a Kolb, se dice que algunos de sus amigos se quejaban con él de que la arcilla que utilizaban para hacer sus trabajos se secaba demasiado rápido y, "entao", el señor Kolb se puso manos a la obra (1880). Con el tiempo presentó sus ideas a la Faber-Castell y esta comenzó su producción a escala industrial. Respecto a Harbutt, se dice que estaba buscando un tipo de arcilla que no se secara para sus estudiantes de escultura (1897).
Otro dato: encuentro que el nombre "plastilina" viene del uso común, en América Latina, del nombre de una de las marcas que la fabricó. Sus nombres formales, para los que no encontré una traducción convincente en español (así de fuerte es su nombre común), son "plasticine" o "arcilla para modelar".
Obrigado para los señores Kolb y Harbutt.
Cierro con dos cosas: una cita de Chesterton que me vino a la cabeza en alguno de estos espacios de juego- creación con la plastilina. Y dos links muy claros desde los que pude conectar con naturalidad un interés y gusto por las posibilidades en ella. Link 1, Link 2.
"Puede que Dios le diga al sol cada mañana: "Vuelve a hacerlo"; y a la luna cada noche: "Hazlo otra vez". Puede que no sea por una especia de necesidad automática que todas las margaritas sean iguales, sino que Dios las haga una a una y nunca se haya cansado de hacerlas así. Acaso El tenga un anhelo eterno de infancia; pues nosotros hemos pecado y hemos envejecido, pero nuestro Padre es más joven que nosotros."
Vista en Orthodoxy de G.K. Chesterton. En el capítulo The Ethics of Elfland.
martes, 27 de febrero de 2018
.
...e Elohim disse: seja a luz e foi luz. E Elohim viu a luz: a luz é boa/bonita. E Elohim separou a luz e as trevas.
Gn, 1-3-4
* Lo leí en una traducción de un profesor que conoce de hebreo, arameo y griego. Está en portugués porque estoy en Brasil. Me gustó el matiz o indecisión entre buena y bonita. La musicalidad, siempre.
Hay relatos, como este, que siempre producen admiración cuando se los enuncia o revisita.
domingo, 25 de febrero de 2018
El Dios que se hizo hombre
Hace unos días un compañero dijo algo que yo había olvidado o que no tenía tan presente en estos días. El comentario fue a propósito de la película "La vida de Pi". Cuando niño, el personaje principal, "Pi", desea participar de todas las religiones. Su padre le dice que debería escoger una, pues querer ser parte de todas es ser parte de ninguna. El niño escucha. Cuando lo vemos de adulto, Pi recibe a un visitante. Al sentarse a la mesa vemos a Pi hacer la señal de la cruz.
Mi compañero decía "lo vieron, Pi se decidió por ser cristiano". Después recordamos otros gestos que nos hicieron dudar de nuevo. Sin embargo, a propósito de lo que nos pareció su decisión, mi compañero dijo: "se hizo cristiano porque de entre todos los dioses, el dios cristiano es el único que se hizo hombre para conocer sus dolores y esperanzas". Eso me pareció bello y cierto.
lunes, 19 de febrero de 2018
Daemon
Demasiado bueno para no ser compartido.
Visto a @platom_ en Twitter.
Visto a @platom_ en Twitter.
Desde el buscador de imágenes di con E.F. Goodman como su autor. Aunque veo que tiene pocas tiras cómicas subidos en su página.
lunes, 5 de febrero de 2018
Rose
*Este post contiene spoilers sobre The Last Jedi.
"That’s how we’re gonna win. Not fighting what we hate, saving what we love". Rose a Finn en Star Wars, The Last Jedi.
"Siempre" he creído que el cine es un gran vehículo de articulación en la vida de nuestras ciudades: reúne deseos y búsquedas, expresa resonancias y capta los temores de grandes conglomerados de personas que no nos conocemos directamente pero que compartimos muchos referentes comunes dinámicos. Asistir, estar, salir de un cine, y encontrarnos con comportamientos similares nos da cierta tranquilidad de que efectivamente, vivimos entre personas parecidas en ese gran lugar que es la ciudad.
En esta ocasión el lenguaje del cine fue un vehículo de un mensaje que me quedó resonando: aquello que Rose le dice a Finn hacia el final de la película The Last Jedi. El momento es este: La Resistencia se encuentra en apuros, su enemigo, la Primera Orden, los tiene prácticamente cercados y todos comienzan a pensar en acciones desesperadas. Uno de ellos es Finn, quien cree que, si se lanza contra el láser que La Primera Orden apunta hacia La Resistencia, al menos les dará tiempo para huir. Y va. Se sube a una nave y se lanza al ruedo. Nada lo detiene. Cuando todos creemos que de verdad vamos a perder a Finn y que lo veremos partir en un heroico acto de inmolación, plam! algo se le cruza en el camino, choca contra su nave y lo despide hacia un lado, salvándole del efecto destructivo del láser. El choque nos sorprende, ¿y ahora, qué? Además, están tan de moda los actos de inmolación en el cine, que también era lo esperable. Pero no, Finn, no logra su cometido y queda poco tiempo para el fin del rodaje, ¿qué diablos nos pueden decir que valga la pena oír en un momento así? Nada en la película parece indicar otro tipo de acto que salve el momento. Y de pronto, vemos salir de la pequeña nave que ha chocado a Finn a Rose, la mecánica de la Resistencia. Lo levanta, lo halla absurdamente sorprendido (a nosotros también) y le dice: "Así vamos a ganar. No luchando contra lo que odiamos sino, salvando aquello que amamos". No recuerdo si lo besa, pero recuerdo que entendí. La expresión, se podría decir, era cursi ("ok, te enamoraste") pero cierta.
En esta ocasión el lenguaje del cine fue un vehículo de un mensaje que me quedó resonando: aquello que Rose le dice a Finn hacia el final de la película The Last Jedi. El momento es este: La Resistencia se encuentra en apuros, su enemigo, la Primera Orden, los tiene prácticamente cercados y todos comienzan a pensar en acciones desesperadas. Uno de ellos es Finn, quien cree que, si se lanza contra el láser que La Primera Orden apunta hacia La Resistencia, al menos les dará tiempo para huir. Y va. Se sube a una nave y se lanza al ruedo. Nada lo detiene. Cuando todos creemos que de verdad vamos a perder a Finn y que lo veremos partir en un heroico acto de inmolación, plam! algo se le cruza en el camino, choca contra su nave y lo despide hacia un lado, salvándole del efecto destructivo del láser. El choque nos sorprende, ¿y ahora, qué? Además, están tan de moda los actos de inmolación en el cine, que también era lo esperable. Pero no, Finn, no logra su cometido y queda poco tiempo para el fin del rodaje, ¿qué diablos nos pueden decir que valga la pena oír en un momento así? Nada en la película parece indicar otro tipo de acto que salve el momento. Y de pronto, vemos salir de la pequeña nave que ha chocado a Finn a Rose, la mecánica de la Resistencia. Lo levanta, lo halla absurdamente sorprendido (a nosotros también) y le dice: "Así vamos a ganar. No luchando contra lo que odiamos sino, salvando aquello que amamos". No recuerdo si lo besa, pero recuerdo que entendí. La expresión, se podría decir, era cursi ("ok, te enamoraste") pero cierta.
Escribo esto porque creo que la frase expresa algo que yo estaba buscando. Pienso mucho en mi país y en todas las razones que encuentro para no creer en él ni en los míos. Pareciera que ninguna apuesta vale. Meterse en caminos públicos no vale la pena. Paga mal. Siempre hay algo que termina en escándalo. Tenemos poca educación pública, ¿para qué meterse en un mar tan inesperado, manoseado y complejo? Peor aun si se sabe poco de esas aguas. Pero buscar entre los ciudadanos de a pie, tampoco parece valer la pena: andamos demasiado desarticulados, estamos demasiado habituados a nuestra forma de vida, nos gusta lamentarnos y soñar pero, de verdad... no mucho más. En el mejor de los casos "el físico" de nuestros deseos fuertes aun da para poco. Finalmente, buscar entre personas organizadas suele tender a unos romances llenos de idealismo a los que les he perdido mucho dulce. Entonces, ¿qué hacer?
Suelo auspiciar la búsqueda, las iniciativas. Un medio adolescente como el nuestro, pobre o empobrecido (económico y culturalmente), tiene un reverso positivo: hay mucho por hacer. Existe un campo fértil para crear, para sumar en Ecuador. Lo he hallado algunas veces ya, cuando he logrado depositarme en un trabajo vinculado con nuestras fronteras sociales o educativas. Después de todo, una cultura no es otra cosa que ese juego de pulsos, palabras y relaciones que tejemos cada día entre los que habitamos este país.
La frase de Rose expresa esa delicadeza o ese horizonte de acción que estaba buscando y que de alguna manera vivía ya (siendo, por naturaleza, un optimista), esa intuición más profunda, aquella que descansa y sobrevive a las ideologías: uno hace las cosas porque las ama. Y si las quiere para otros, pues les cuenta ese amor, o los vuelve testigos y compañeros de ese amor. Así se puede aceptar el tiempo invertido, la desazón y dejarse visitar por la suave alegría que llega de cuidar lo que se ama.
Cuando pienso en mi país lo hallo aun demasiado centrado en combatir lo que teme. Y creo que por eso fallamos. No nos centramos en cuidar aquello que alivia el corazón cuando no hay nada. Las palabras de Rose parecen indicar una manera y un lugar por el que comienzo a caminar: el amor y, si vale la pena, su inevitable contagio.
La frase de Rose expresa esa delicadeza o ese horizonte de acción que estaba buscando y que de alguna manera vivía ya (siendo, por naturaleza, un optimista), esa intuición más profunda, aquella que descansa y sobrevive a las ideologías: uno hace las cosas porque las ama. Y si las quiere para otros, pues les cuenta ese amor, o los vuelve testigos y compañeros de ese amor. Así se puede aceptar el tiempo invertido, la desazón y dejarse visitar por la suave alegría que llega de cuidar lo que se ama.
Cuando pienso en mi país lo hallo aun demasiado centrado en combatir lo que teme. Y creo que por eso fallamos. No nos centramos en cuidar aquello que alivia el corazón cuando no hay nada. Las palabras de Rose parecen indicar una manera y un lugar por el que comienzo a caminar: el amor y, si vale la pena, su inevitable contagio.
domingo, 14 de enero de 2018
Para dejarlo dicho
Entrar a twitter me recuerda lo mucho que debo leer a Merleau-Ponty... Merleau Ponty fue un filósofo fenomenólogo francés que centró su atención en la manera en que los seres humanos percibimos el mundo. De acuerdo a su postura, la manera en que percibimos el mundo tiene todo que ver con la manera en que nos relacionamos con él. Esto es, para él, nosotros "no pensamos solo con la cabeza" sino que lo hacemos desde la totalidad de nuestro cuerpo y la manera en que este se relaciona con la realidad. Así un ser humano siempre va a pensar condicionado por cosas como "cerca" o "lejos", "alto" o "bajo", "atrás" o "adelante" o inclusive, se podría decir, por la manera en que nuestra piel percibe nuestro entorno.
De ello se van a desprender un montón de cosas (1). Entre ellas la que me llamó la atención fue la idea de que nuestro lenguaje de palabras y conceptos es una experiencia de segundo nivel. Nuestras palabras, nuestros conceptos, son como rudimentarios gemidos que tratan de expresar la manera en que experimentamos las cosas (y eso va desde nuestros propios pensamientos y sentimientos hasta la manera en que la experiencia del mundo que nos rodea aparece reflejada en la manera en que hablamos de la sopa de hoy). Cuando nos expresamos, sugiere Charles Taylor de su lectura de él, estamos articulando esas impresiones/gemidos (2). Sin embargo, nunca podremos captarlo todo. Lo que podemos hacer es articular las cosas de maneras más o menos acertadas a lo deseamos expresar.
De ahí que al mirar twitter, o diciéndolo mejor, al experimentar nuestro modo de utilizar twitter y notar muchos de los duelos que se producen en él sienta casi un dolor de cabeza. Nuestro uso de Twitter se parece demasiado a creer que nuestras expresiones son precisas (algo que considero un terrible hábito del Ecuador). Ese reducido número de caracteres, ese siempre lugar de palabras y esa gran distancia de las personas con las que lidiamos... me llevan a sentir muy rápidamente una esfera demasiado artificial.
Otros me dirán, "pero ¿cuál es el problema? Es mejor tener que no tener espacios como estos. Si no te gusta, no lo uses". Y tendrán razón. Cuando miro las cosas de esa manera me pongo a pensar que Twitter es otra esfera ¿por qué habría de ser igual a la vida real? Desde ahí descubro que mi problema es el modo en que parecemos usarlo y paso a concederle el lugar del desconcierto entre las novedades que nos rodean. Descubro que no es poco, por ejemplo, que dé un acceso directo a todos los participantes entre sí. Lo cual es "fantástico" cuando tienes ahí autoridades públicas con las cuales desees comunicarte (al menos es mejor) o personas que han hecho cosas notables. Si hay algún curioso por aquí, John Durham Peters, otro filósofo (vivo actualmente), tiene un estudio de los medios fascinante en el que hallé un lado positivo a la revolución de los medios (que creo que estamos experimentando. Su libro "Hablar al aire: Una historia de la idea de comunicación" está en las librerías de nuestros país. Lo vi en el Fondo de Cultura Económica en Quito.
Cambiando de tema. Estoy conociendo Belo Horizonte, Brasil. ¡Vaya que uno respira cuando entra en otra cultura! Me gustan sus calles amplias, los árboles que irrumpen en las veredas y sus parques llenos de vida y gente tan distinta. No faltó toparme con una escuela de samba preparándose para el carnaval para terminar de hacerme una primera postal mental.
Ya me han llamado la atención algunas cosas sobre movilidad y espacio público. Tal vez me anime a escribir algo sobre ello.
Saludos a quienes dan la vuelta por acá!
Y no podía faltar: un poco de la música que va permeando la piel. Los dejo con estos dos grandes de acá: Caetano Veloso y Gilberto Gil.
De ahí que al mirar twitter, o diciéndolo mejor, al experimentar nuestro modo de utilizar twitter y notar muchos de los duelos que se producen en él sienta casi un dolor de cabeza. Nuestro uso de Twitter se parece demasiado a creer que nuestras expresiones son precisas (algo que considero un terrible hábito del Ecuador). Ese reducido número de caracteres, ese siempre lugar de palabras y esa gran distancia de las personas con las que lidiamos... me llevan a sentir muy rápidamente una esfera demasiado artificial.
Otros me dirán, "pero ¿cuál es el problema? Es mejor tener que no tener espacios como estos. Si no te gusta, no lo uses". Y tendrán razón. Cuando miro las cosas de esa manera me pongo a pensar que Twitter es otra esfera ¿por qué habría de ser igual a la vida real? Desde ahí descubro que mi problema es el modo en que parecemos usarlo y paso a concederle el lugar del desconcierto entre las novedades que nos rodean. Descubro que no es poco, por ejemplo, que dé un acceso directo a todos los participantes entre sí. Lo cual es "fantástico" cuando tienes ahí autoridades públicas con las cuales desees comunicarte (al menos es mejor) o personas que han hecho cosas notables. Si hay algún curioso por aquí, John Durham Peters, otro filósofo (vivo actualmente), tiene un estudio de los medios fascinante en el que hallé un lado positivo a la revolución de los medios (que creo que estamos experimentando. Su libro "Hablar al aire: Una historia de la idea de comunicación" está en las librerías de nuestros país. Lo vi en el Fondo de Cultura Económica en Quito.
Cambiando de tema. Estoy conociendo Belo Horizonte, Brasil. ¡Vaya que uno respira cuando entra en otra cultura! Me gustan sus calles amplias, los árboles que irrumpen en las veredas y sus parques llenos de vida y gente tan distinta. No faltó toparme con una escuela de samba preparándose para el carnaval para terminar de hacerme una primera postal mental.
Ya me han llamado la atención algunas cosas sobre movilidad y espacio público. Tal vez me anime a escribir algo sobre ello.
Saludos a quienes dan la vuelta por acá!
Y no podía faltar: un poco de la música que va permeando la piel. Los dejo con estos dos grandes de acá: Caetano Veloso y Gilberto Gil.
(1) De hecho, Merleau Ponty no piensa desde el aire. Su perspectiva tiene varias influencias, entre ellas Edmund Husserl y Martin Heidegger, quienes también reflexionaron sobre el carácter de nuestra experiencia.
(2) El tema de los "gemidos" que puede sonar un poco tétrico viene de los "gemidos inefables" a los que San Pablo alude en la Carta a los Romanos (Rm 8, 26). Él se refiere a que el Espíritu Santo interviene ante Dios Padre debido a nuestra debilidad y lo hace con "inefables gemidos". Por alguna razón eso se convirtió para mi en esta imagen distinta, en la cual, nuestra experiencia de la vida nunca puede ser expresada del todo y nosotros solo atinamos a articular gemidos de lo inefable.
(2) El tema de los "gemidos" que puede sonar un poco tétrico viene de los "gemidos inefables" a los que San Pablo alude en la Carta a los Romanos (Rm 8, 26). Él se refiere a que el Espíritu Santo interviene ante Dios Padre debido a nuestra debilidad y lo hace con "inefables gemidos". Por alguna razón eso se convirtió para mi en esta imagen distinta, en la cual, nuestra experiencia de la vida nunca puede ser expresada del todo y nosotros solo atinamos a articular gemidos de lo inefable.
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