miércoles, 23 de septiembre de 2020

Papel: aerodinámica

Aquí el responsable es Miyazaki y su amor por los aviones. Cada uno también tiene su historia. Sin embargo (en Instragram de acuerdo a su fecha tienen más información), aquí diré que el primero, lo hice por su nombre: golondrina. Quise ver su agilidad, dado que me encanta el vuelo de estas. El segundo, no tenía nombre pero es un planeador. Bello, sencillo y mucho Miyazaki ahí. El tercero es un aeródromo. Lo recordé de un libro de aviones de papel y fui a buscarlo. Lo hice intrigado por la dirección del viento y la imagen del viento como una fuerza o un "sólido" y no como una nada (aquello con lo que termino asociando aun los gases).

    

Los siguientes tres, con el culmen en la cometa, son pruebas de pliegues más sencillos aun y la posibilidad de lograr vuelo o movimientos guiados. Me encantó descubrir que se puede hacer una cometa con una hoja A4.


Estos últimos son un regreso a formas en los aviones de papel y su capacidad de volar. 

Plastilina: dedos y más expresión

Con el regreso a mayor movilidad, he podido regresar a trabajar con plastilina. Durante el tiempo de pandemia es lo que menos hice. Es curioso que me he acostumbrado a hacer estas cosas en buses y no en la quietud del hogar. Lo nuevo de estos meses, que no ha sido mucho pero es bueno, es que me he comenzado a centrar más en aumentar la expresión, sea agregando más detalles a los rostros (sobre todo volumen en detalles vs la facilidad de hacer líneas) o, poniendo atención a la expresión de las manos. 

       

El tercero es Copérnico. Hace tiempos vengo pensando en la posibilidad de ir haciendo en plastilina figuras sobre las que leo o me llaman la atención y que me puedan servir para conversar después en alguna clase. Ya veremos.

Papel: títeres

Esta fue una exploración más hacia los inicios de la pandeamia. Actualmente me he concentrado más en las articulaciones del post anterior. Aquí la influencia ha sido el trabajo de Barnaby Dixon y la gran movilidad que le da a sus títeres. 

      

Dado que estoy explorando el tema del papel y cosas relativamente sencillas pero interesantes de replicar, me centré en crear títeres de papel que tengan agilidad de movimiento. Estas han sido mis primeras pruebas. Espero en el futuro poder volver sobre ello con más conocimiento. So far, ¡ha sido muy divertido!

Dibujo: el entorno y lo cotidiano

Me interesa poder seguir expresándome de manera clara, sencilla y bonita con el dibujo, así que he estado tratando de hacer un hábito el hecho de dibujar aquellas cosas que más me llaman la atención durante el día. Si fuera muy veloz, dibujaría muchas a la vez, pero, aun no lo soy y estos son algunas muestras de las cosas que me he detenido a captar.

  


    

Por aquí abajo exploro un terreno al que le quiero ir sacando más tiempo y espacio en mi vida: las tiras cómicas. Me parece fascinante la imagen de poder expresar ideas, emociones y situaciones cotidianas de este modo. Por ahora la idea es lo que se ve, un barruntado de curiosidad y aun no mucho más.

Papel: articulaciones

Han estado muy hablados los posts más recientes. 

Los meses de pandemia me permitieron alargar la exploración de juguetes con papel. No sé si los comparta todos (son tantos que me agobia pensar escribir sobre ellos) pero no pude evitar querer mostrar y dejar un registro más hablado de esta exploración: articulaciones de dedos. 


La idea la vi al genial Paper Patriot que, como he mencionado antes, tiene un canal en Youtube. Con sus sencillos principios pude hacer en el pasado una nave de Kylo Ren de papel con alas móviles y, luego,el modelo casero de los movimientos de la Tierra y la Luna. Intrigado por las posibilidades de aprender más me lancé a probar las articulaciones mano y dedos que ven acá. En las próximas semanas o días espero terminar las de esta mano.

                   

Hay más que decir pero quiero postear sobre otros de los caminos recorridos en estos meses: dibujo y plastilina.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Lecturas: Voces de Chernobyl

Comencé a leer "Voces de Chernóbil en septiembre del año pasado. Recuerdo que cuando lo hice me parecía algo tan extraño y fuerte toparme cosas como que el amor se vea lanzado al heroismo y la pérdida en un abrir y cerrar de ojos, o que la vida cotidiana parezca mantenerse normal pero, más allá de lo visible, la vida haya acabado como se la conocía por un accidente producido por desconocidos a kilómetros de distancia.

Voces de Chernóbil recoge más diez años de testimonios de quienes padecieron la explosión del reactor núclear ubicado cerca de Pripiat, en la actual Rusia, en el año mil novecientos ochenta y seis. Los relatos son presentados a manera de una polifonía de voces. Entre ellas es posible encontrar a heroicos liquidadores, bomberos, esposas, hijos de todas las edades, ancianos granjeros, profesores y más. O sea, la totalidad de habitantes de un poblado por decirlo más brevemente.  

Su estilo de narración pretende ahondar en la tragedia personal y psicológica de los afectados. A ello ayuda su forma, que expone estas voces a manera de monólogos en lo que la autora, le periodista Nobel, Svetlana Alexievich, es invisible. Solo será conocida por las preguntas que los narradores le formulan de vuelta, sin respuesta alguna de su parte. Como si estos hubiesen estado pensando en voz alta para sí mismos. 

Eso me lleva a comentar un poco mi experiencia del libro: el texto es invaluable, por cuanto tiene testimonios directos de quienes padecieron el atroz accidente. Dependerá, más bien del lector, la capacidad de digerir los dolorosos relatos que se recogen en él. 

En lo personal, me tuve que detener por un tiempo. No es una lectura en la que uno se pueda sumergir como en una novela. Es un texto que duele y jala, más bien. El hecho de que esté narrado a la manera de monólogos recopilados solo hace más inmersiva la lectura y la percepción de desconcierto que produjo y aun produce ese evento en quienes lo padecieron directamente.

Para quienes están más fuertes y buscan información, el texto será una bella y desgarradora polifonía que les permitirá dibujar mejor el mundo nuevo que nos reveló el accidente. Para los demás, como yo, solo puedo recomendar una lectura pausada y silencio.

Para cerrar: paradojas de nuestro mundo, meses después de que comencé a leer el libro estalló en nuestro mundo, el mundo de hoy, la pandemia del COVID -19 y rápidamente experimenté cómo lo incomprensible y distante de las historias contenidas en Voces de Chernóbil, de repente se asemejaban muchísimo a las historias que ahora tocaban las puertas de nuestras casas a escala global. 

Cierro con esta foto de posible mal gusto en la biblioteca del colegio. Ni la mascarilla ni el visor, fueron usadas como disfraz, como cualquier lector contemporáneo lo sabe. Quise dejar por aquí un documento de aquellas veces en que la ficción o lo distante, es tocado y superado por la realidad.

sábado, 8 de agosto de 2020

Lecturas: Vivir con libros; Yo, Robot y Dis Tinta

Durante el tiempo de pandemia me he dedicado a varias cosas de las que iré publicando después. Leer no ha sido una prioritaria entre ellas. Sin embargo, este período peculiar, de todos modos, me ha permitido curiosear y avanzar entre lecturas atrasadas y la aventura de otras nuevas. Diré algunas palabras de las que acabo de terminar.

Vivir con libros, varios autores


"Vivir con libros" es una publicación impulsada por Karina Sánchez, propietaria de la librería independiente Tolstoi en Quito. La realizó como un modo de conmemorar los diez años de vigencia de su librería/proyecto de vida. Recoge 4 relatos en que los autores en carátula narran su experiencia con los libros.

El libro abre con el prólogo de Karina. Debo decir que quedé encantado. Ahí dice dos cosas con las que me sentí identificado: la primera, considerarse como parte de aquellas personas entusiastas de los libros, esto es, que no solo disfrutan del encuentro con ellos, sino que tienen una cierta confianza en el bien que hacen, sea creando un espacio diferente o permitiéndonos cultivar cierta forma de vida interior. En segundo lugar, dice algo que ya percibía como una forma de vida posible: "la vida sobria" que es el gusto por vivir una vida de velocidad distinta a la inmediatez, gustosa de los amigos y que es sostenida por la frugalidad en los medios de vida. Leerlo me llevó a revivir esa experiencia que me invade cuando visito librerías como la suya. También me suscitó una imagen de lo que creo que serían los filósofos epicúreos si vivieran ahora. 

De los relatos puedo decir que me identifiqué con el primero, de Gilda Guerrero y, con el último, de Margarita Borja. Los sentí naturales, como la experiencia de leer o decir o, como el gusto de compartir la aventura de rememorar las impresiones que los libros nos traen. A veces,  a la manera de silenciosas cápsulas de tiempo. El relato de Edmundo Mantilla, lo valoré por su sinceridad pero lo hallé un poco "lírico de más" como para terminar de implicarme. No pude con Salvador Izquierdo. Me gusta su experiencia interior, una que creo algunos compartimos a veces, la de oir llegar referencias literarias mientras hacemos cosas en nuestra vida cotidiana, o cuando descubrimos relaciones en momentos en que las palabras aparecen ante nosotros como revelaciones sensibles. No me pudo su forma: me chocó el recurso a una carta que sentí no honesta, sino artificiosa, demasiado escrita para sí mismo. Sin embargo, esa mirada constante como a una biblioteca de referencias sí es algo que me atrae, tal vez, para otro tipo de relato.

Yo, Robot; Isaac Asimov
Puff! Me vinculé inmediatamente con el primer relato candoroso e inocente, titulado "Robbie", que sigue la relación de una niña con su robot niñera. Sin embargo, descubrí que este libro realmente trata de la fascinante y progresiva especulación de Asimov sobre las relaciones que la humanidad tendría al lidiar con la creciente participación de robots en nuestras vidas. 

Para plantear el experimento, Asimov pone como eje tres leyes de la robótica (ahora famosas) con las que irá jugando de manera progresiva desde el sencillo Robbie hasta, en el último relato, con complejos sistemas computarizados que sostienen un destino estable de la humanidad. 

No le hago justicia a este libro con estas breves palabras. Pero es lo que me puedo dar el tiempo de decir por ahora. Me justifico en el hecho de que la riqueza de sus reflexiones, en el ajuste o aumento de complejidad de aplicación de estas reglas, da para hacer un ensayo más atento de los relatos. Puedo adelantar que el talante especulativo vertido aquí me atrapó mucho más que el primer libro de su saga Fundación, aun cuando los personajes acá, sigan siendo algo acartonados.

Dis Tinta, Liniers y Martín Perez (Compiladores)

Este último ha sido un dulce de estos días. Me encanta dedicarle tiempo a las buenas novelas gráficas y admiro desde mi infancia las tiras cómicas. En este texto Liniers (conocido por la optimista tira cómica Macanudo) y "su autor amigo" presentan un recorrido por autores actuales de la historieta argentina. 

Me ha encantado su dedicada atención a abir una galería para el público de sus contemporáneos. No me imaginé que habría tal cantidad de personas inmersas en ese medio en un solo país de latinoamérica. Los estilos son diversos, comenzando por los de trazos claros e historias de lenguaje concreto, pasando de un salto a los más artísticos y coloridos, y no pudiendo decir que se aterriza en un tipo final, destaco también presencias que describiría como recargadas, de sentidos públicos y autobiográficos y otras,  finalmente, grotescas.  

Comparto aquí un par de entre muchas imágenes: en la primera, llamada Paraná, me gustó mucho el uso de color, el estilo de dibujo y el movimiento. En el segundo, gusté mucho de su concreción en el dibujo y cada viñeta y me encantó lo descabellado de la idea de un robot gigante en una vida ordinaria.