jueves, 25 de mayo de 2017

Galaxia/ Vía Lactea

Hay un camino elevado visible en el cielo sereno;
lácteo es su nombre, pues destaca por su misma blancura; por él los dioses se dirigen a la morada del gran Tonante, la mansión real... (1)
Vía Láctea vista desde el desierto de Atacama

De acuerdo al mito griego, el dios Zeus (Júpiter en su version romana), en una de sus múltiples correrías, concibió un hijo con la mortal Alcmena. Este hijo fue Heracles (Hércules). Por ser concebido con una mortal no nació inmortal. Buscando una solución Zeus envió al niño con Hermes (Mercurio), el mensajero de los dioses, para que beba la leche del seno de "su esposa" la diosa Hera (Juno). Cuando Hermes llegó donde Hera esta dormía, así Hermes hizo beber al niño del pecho de la diosa durmiente. Sin embargo, esta despertó al sentir la succión de su pecho y apartó al niño. De la leche derramada al apartarlo, se dice, surgió el rastro lechoso del cielo nocturno que hoy llamamos Vía Lactea. 

Los griegos llamaron a ese rastro "galactos kyklos", que quiere decir "círculo de leche". De ahí el origen, ya posterior, del término científico "galaxia" para denominar aglomeraciones de planetas y estrellas alrededor de un cierto núcleo. Con el tiempo, la palabra galaxia se irá independizando de esta primera concepción más particular -a medida que se descubren más círculos del mismo estilo en el cielo nocturno-. 

Una adaptación romana ulterior de la expresión griega denominará a ese rastro Vía Láctea que es el nombre con el que conocemos hoy nuestra galaxia específica.

En la imagen de Tintoretto que comparto aparecen Hermes, Heracles bebé y Hera en el momento que esta despierta y aparta al bebé derramando las gotas de leche que se convertirán en las estrellas que conforman nuestra Vía Láctea.   

Tintoretto, El origen de la vía Láctea

Siempre quise leer los mitos griegos de Robert Graves pero se me escapaban de las manos. Armando este post leo que su narración es diferente a la historia que evoca la pintura de Tintoretto. En el mito narrado por Graves Hera es conducida hacia el niño, quien ha sido abandonado por Alcmena (temerosa de la reacción de Hera). Hera le da de lactar, pero aparta al niño debido a la fuerza con que este succiona su pecho.

Dato curioso: la página del Museo del Prado hace un comentario interesante sobre una advocación medieval de la Virgen María, llamada Virgen del Sufragio, que evoca al mito griego desde una variación cristiana. Debido a la confusión que generaba, nos cuenta el video, el Concilio de Trento "dio de baja" a esa advocación. 


Pedro Machuca, Virgen del Sufragio

Una nota adicional. Manejamos un champú/shampoo de nombres griegos y romanos mezclados para referirnos a los dioses griegos. Yo tampoco los distingo del todo bien. En este post he acentuado los nombres griegos, que son los más comunes para todos, por sobre los romanos sólo para comenzar a acostumbrarme a identificarlos bien en una sola tradición. Desgraciadamente eso lleva a que perdamos a Hércules por Heracles, que es un nombre menos común. Lo prefiero a escuchar a alguien atónito preguntarme quién es Júpiter cuando al decir Zeus la referencia se entiende de golpe.

(1)  Ovidio, Metamorfosis, Alianza Editorial, Tercera reimpresión 2001, Madrid, Libro I, v. 168-169. / p. 72

martes, 16 de mayo de 2017

Sobre el artículo: "El nombre de las cosas" de Cecilia Ansaldo

Saludos Cecilia, ¿cómo está?

No veo una dirección de correo electrónico a la cual escribirle e imaginé que, de preguntarle en twitter por ella, tampoco me la daría sin saber quién soy o de qué deseo hablarle. Así que resolví escribir un artículo/comentario en mi blog al cual usted pueda acceder directamente.

Leí su artículo "El nombre de las cosas" y concuerdo plenamente con usted. Particularmente me quedó sonando el último párrafo de su texto:
"Lo he dicho en muchas ocasiones: estudiar la lengua madre es la tarea más constante de la línea educativa, pero consigue, cada vez, menos frutos. Sé que los profesores se afanan en su encargo, pero algo, todavía no suficientemente esclarecido, bloquea los esfuerzos, rompe el camino hacia la meta. El bachillerato debería bastar para recibir a un estudiante bien hablante y escribiente, pero en la universidad estamos obligados a ponerle parches al sistema".
No pretendo cansarla con un pseudoanálisis del problema, sino más bien, compartirle una pregunta y una intuición: creo que ese "algo" que "bloquea los esfuerzos" y "rompe el camino hacia la meta" pueda ser la escasa promoción de lectura por parte de... cualquier lector peregrino. Creo que nuestra imaginación para proponer y hacer se ha dejado burocratizar.

Trabajé un año y medio para Fe y Alegría en Quito y percibí el mismo problema que usted menciona. Cuando comencé a revisar los apuntes de mis chicos, y algunos de estos eran de cursos cercanos a la graduación, noté un vacío grandísimo en temas de gramática, ortografía y muchas cosas más. Por la dinámica de mi trabajo (soy un religioso multi uso, por decirlo brevemente) no me daba el tiempo, ni la paciencia para idear una campaña de "buen uso del lenguaje" pero, sobre todo, no creía en ella. Me parecía que el problema estaba en un terreno aun más grande: la falta de una práctica lectora, la necesidad de abrir imaginarios para los chicos y, sobre todo, la necesidad de un espacio para leer y compartir sobre la lectura y la vida de manera gratuita, sin que eso sea un "objetivo" en un plan rígido y forzoso.

Me imaginaba a los chicos llegar a casa y aturdirse con la televisión, las redes sociales, el trabajo o los problemas familiares. Por otro lado, busqué una biblioteca barrial en el sector Solanda y, para bien o para mal, y por las razones que fuera, siempre la encontré cerrada. Un día me cansé de todo: mi falta de tiempo, las distancias, las dificultades del sector. Durante un recreo tomé una mesa de mi oficina, la saqué, puse libros de la biblioteca sub utilizada del colegio encima de ella y puse un letrerito "rincón de lectura". Junto a ellos, en un trozo de cartón reciclado, escribí un título "préstamos de libros" y me inventé un sistema de préstamos ágil: nombre, curso, libro y teléfono. Los chicos llegaron por montones, como si fuera el día de la feria de ciencias naturales.

A pesar de mi entusiasmo fui escéptico de mi experimento y creí que duraría unas pocas semanas. Perseveré. Yo iba sólo dos días a la semana. Puedo decir que hasta que me fui del colegio tuve siempre muchos chicos interesados en leer (la experiencia duró al menos seis meses, sino más). A todo ello le fui agregando más elementos (retomar la biblioteca sub utilizada, abrir espacios para dibujos sobre los libros, conseguir aliados -uno de ellos Biblirecreo en el Sur de Quito- ,etc.). En fin, podría seguir contándole todo lo que algo tan simple dio para iniciar. Desgraciadamente, debido a la naturaleza de mi trabajo me tocó cambiarme súbitamente de lugar. Después de eso la iniciativa vivió un tiempo de incertidumbre y actualmente continúan ideando la manera de retomarla.

Contándole todo esto le quería compartir la idea de que me di cuenta de que no hacía falta mayor cosa para promover lectura (y, con ello, a largo plazo, mejor escritura), sino sólo lectores-promotores apasionados. 

Cada vez que se toca este tipo de temas públicos la gente tiende a hablar de los maestros, los padres, el Estado, la pobreza y las trabas. Por supuesto que todos esos actores forman parte de una atención al problema (realmente creo que no merece escasa reflexión), pero quería compartirle que descubrí que hay un actor al que no se menciona y que tiene todo que ver con, al menos, parte creativa de una solución: el lector. 

Para cerrar. Hice un trabajo de filosofía que me permitió pegar una ojeada a la revolución que dio origen a lo que llamamos modernidad. De ella sale esa preciosa idea de la autonomía. Desde que hice ese trabajo no puedo dejar de pensar que me llama mucho la atención que hayamos logrado libertad para hacer tantas cosas y, sin embargo, nos dé por esperar tanto del gobierno, los padres, los rectores, los profesores y tanta gente más. Simples aglomeraciones de lectores apasionados, creativos, buscando desafíos, inventando soluciones, caminando por nuevos lugares, creo que tendrían mucho por ofrecer.

En fin, la carta se volvió un artículo. Me encantaría escuchar sus palabras al respecto. ¡Gran saludo!

PD. Hice un post sobre esta iniciativa alguna vez: https://tinyurl.com/hbbhlse

Jean Francois Millet

Aun ando con Gombrich en la mochila y descubro cosas como esta. No sé por qué Millet me cauiva tanto. Estoy separado de los discursos que vuelven ideología la vida sencilla de la que él parecía caminar cerca. Sin embargo, tal vez sea su sensibilidad la que me cautiva.

Jean Francois Millet, Cazando pájaros por la noche (1874)

domingo, 7 de mayo de 2017

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Somewhere in Bahía de Caráquez

Un poquillo de aire visual e... In your ass, Playscapes! (1)

(1) Hablando en serio, gracias por contagiar el entusiasmo.

jueves, 4 de mayo de 2017

Snob

Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meros idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate-, snob. (1)
Tal vez no es la mejor definición de snob que da Ortega pero me dijo suficiente. Me la topé hace pocos días. Hacía una revisión de citas guardadas, buscaba una de Rumí para un amigo, y me topé una suya relativa a las revoluciones. Parafraseando, la cita hablaba de la importancia de crear versus la más fácil actitud de rebelarse. Él mesmo lo dice mejor:

En el orden moral, la tarea máxima del presente consiste en convencer a los hombre vulgares - los no vulgares no han caído nunca en la trampa - de toda necedad inane que encierra ese imperativo de la rebelión, tan barato, tan poco exigente, y cómo, sin embargo, casi todas las cosas contra las cuales el hombre se ha rebelado merecen, en efecto, ser enterradas. La única verdadera rebelión es la creación - la rebelión contra la nada, el antinihilismo. Luzbel es el patrono de los seudorebeldes. (2)

Al revisar la cita, recordé que hay algo que comparto con Ortega: su crítica de nosotros los ciudadanos comunes. Fui a mirar de ojeada La rebelión de las masas y di con esa cita con su definición de snob. 

Creo que ambas tocan el mismo tema: un cierto talante del ciudadano común de despreciar un país que no conoce, al mismo tiempo que aporta poco a una construcción seria de este, ¿de qué se queja?

Se parecen demasiado el opositor y el convencido del día de hoy: el primero, parece no sentir obligaciones, sino presentarse como un espectador de su desgracia. Su perezosa afición lo obliga a hablar de gente del pueblo (una raza extraterrestre o demoníaca que es la fuente de todos sus males), populismo a secas, borregos ó una cierta fatalidad de la historia. La pregunta nunca tiene que ver con él. El segundo, se suma a una corriente que no entiende y se presenta como victorioso y heroico aunque, en la práctica, sólo rechaza una cultura que tampoco se ha molestado lo suficiente en construir.

Siendo así, pienso, no es raro que los ciudadanos comunes seamos unos snob. Nos bajamos de la conversación antes de tiempo. Es más, creo que no supimos que participábamos de una conversación que continúa  y, en consecuencia, esperamos eternamente una utópica sociedad. Aprendimos a exigir libertad (moderna) sin entender cómo se llegó a esa idea, a qué respondía, ni tampoco qué es lo que implicaba. En resumen, sin conocer que la otra cara de la libertad implica un compromiso permanente. 

Adenda 16/05/2017: han pasado algunos días desde que escribí este post y una idea más me dio vueltas en la cabeza. Siempre pienso en el tema educativo. Yo mismo no me considero una persona suficientemente formada, al menos frente al problema cultural que creo que tenemos. Me explico: sí, salimos adelante en la vida desde la situación de clase media de nuestro país: podemos obtener un título, tarde o temprano hacer dinero, sacar adelante una familia y, en muchos casos viajar. Eso parece llevarnos a creer que somos personas "educadas", cuando más bien sólo logramos sobrevivir dentro de un cierto modelo económico.

(1) pendiente completar la cita: ORTEGA Y GASSET, JOSÉ, La rebelión de las masas, Obras completas, ..... Tomo IV, p.121

(2) Tomé la cita de manera ligera, no tengo más apuntes que estos: Nota de José Ortega y Gasset en El libro de las Misiones en "Misión de la Universidad".

martes, 25 de abril de 2017

Verdad y apariencia

No sé si añoro el contenido de esta reflexión de Platón, pero da para pensar:

¿O no crees -dijo- que sólo entonces, cuando vea la belleza con lo que es visible, le será posible engendrar, no ya imágenes de virtud, al no estar en contacto con una imagen, sino virtudes verdaderas, ya que está en contacto con la verdad?...(1)
En nuestro ejercicio político detecto dos vicios constantes: por un lado acusaciones gratuitas, medias verdades sostenidas a la fuerza y ataques personales altisonantes; por otro, como en un polo opuesto, un esfuerzo exagerado por defender una apariencia demasiado virtuosa y digna, con el discurso del "honor" en la punta de la lengua. La enfermedad y su aparente opuesto, ambas fuertemente posicionadas en el ridículo. ¿Por qué?

Cuando leí la frase de Platón que cito al inicio me pareció entenderlo: tal vez no conocemos de fondo, desde un fundamento claro, el paquete de valores que, se nos dijo, debíamos emular. Si me detengo a pensar, no los recuerdo de manera inmediata, ¿los recuerda usted? Si hablo de memoria recuerdo virtudes católicas: prudencia, templanza, justicia...; también algunas virtudes cívicas: honestidad, respeto, solidaridad. Podría divagar sobre virtudes deseables tanto personales como sociales (¿no es ésa es la manera en que tendemos a cubrir lo que no sabemos?), pero mencionar unos referentes claros, que estén a la mano de cualquier conversador casual, no.

Viene a mi mente la historia de El traje del emperador: "¡el rey está desnudo!", gritaba el niño... y me doy cuenta de que hay algo que no sé bien, algo a lo que no le he puesto la debida atención a pesar de ser fundamental. Si corro a negarlo participo de la enfermedad,  esa apariencia de conocimiento, que es solo una envoltura de lo que preferimos presuponer confiadamente porque lo contrario, aceptar la corta reflexión que le brindamos, la cantidad de veces que el criterio es aplicado a quienes no nos gustan solamente, sería demasiado terrible y vergonzoso.

Pero luego de la aceptación, ¿qué? Correr a expresar un recetario tampoco dice suficiente. Eso se parece demasiado al segundo vicio: desear la infalibilidad y la pulcritud hasta el ridículo. Cumplir con la tarea y continuar con el juego de parecer algo.


Ilustración de N. Goltz

Vienen dos imágenes a mi mente al detenerme aquí: la primera son las palabras de Kant en la "Fundamentación de una metafísica de las costumbres":

Así pues, hemos llegado al principio del conocimiento moral de la razón vulgar del hombre. La razón vulgar no piensa en este principio así abstractamente y en una forma universal; pero, sin embargo, lo tiene continuamente ante los ojos (404) y lo usa como criterio en sus enjuiciamientos. Fuera muy fácil mostrar aquí cómo, con este compás en la mano, sabe distinguir perfectamente en todos los casos que ocurren qué es bien, qué mal, qué conforme al deber o contrario al deber, cuando sin enseñarle nada nuevo, se le hace atender tan sólo, como Sócrates hizo, a su propio principio, y que no hace falta ciencia ni filosofía alguna para ser honrado y bueno y hasta sabio y virtuoso. Y esto podía haberse sospechado de antemano: que el conocimiento de lo que todo hombre está obligado a hacer y, por tanto, también a saber, es cosa que compete a todos los hombres, incluso al más vulgar. Y aquí puede verse, no sin admiración cuán superior es la facultad práctica de juzgar que la teórica en el entendimiento humano...(2)
Recuerdo a mi profesora de ética destacar este pasaje diciendo: "Kant observa que el ejercicio de examinar está dado al hombre común de manera natural: en su vida social cotidiana somete a conversación las impresiones y juicios que experimenta respecto a diferentes situaciones que vive o conoce que otros viven ". Al oírla y revisar el pasaje pensé que tenía razón al destacar la observación de Kant y hacerla más cercana: en la vida cotidiana tendemos a examinar la fundamentación de nuestros actos y los de otros. De ahí, procederá Kant, parafraseando, "compete al filósofo la búsqueda de los principios que los orientan". No creo que para la práctica de opinión pública cotidiana haya que llegar tan lejos, creo que bastaría retomar un autoexamen más honesto y atento de los vericuetos por los que nos conducen nuestras palabras y... aprender a deternos o, inclusive, recomenzar. Eso me lleva a la segunda imagen.

La segunda, es la evocación que hace Rafael de Platón y Aristóteles en La escuela de Atenas. Los dos filósofos caminan conversando en lo que parece ser una plaza pública, tal vez evocando el Ágora griega. Platón viste de morado y rojo, los colores del fuego y el éter; Aristóteles, en cambio, viste de café y azul, los colores del mar y la tierra. No había caído en cuenta de este detalle. De acuerdo a Smarthistory, Rafael, pretende evocar sus distintos talantes: Platón, un talante más especulativo y teórico, mientras que, Aristóteles, es un gran observador práctico. Al recordar esta imagen reforzaba la idea de que, tal vez, un "nuevo" camino sea más sencillo: evocar y conversar libremente sobre los fundamentos de las cosas, a la manera de los personajes en la pintura, o, más aun, a la manera en que, narra Platón, Sócrates devanaba los sesos de la gente conduciéndolos hacia mayor claridad y humildad.


La Escuela de Atenas, Rafael

La conversación, experimento, no termina, pero concluye en la curiosa paradoja de afianzar nuestra confianza al mostrarnos lo poco que sabemos de aquellas cosas que buscamos con vana vehemencia en la vida pública. No seremos dechados de virtud, tal vez porque es imposible e innecesario (mortales somos después de todo) pero ciertamente creo que nos otorgará una más agradable vecindad con una cierta forma de virtud y de verdad, a la par que baja un poco los decibeles a tanta ruidosa, por hueca, vanidad.

(1) PLATÓN, El banquete, trad. M. Martínez Hernández, Gredos, Reimpresión 1988, 211 e, p. 265

(2) KANT, INMANUEL, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, trad. Manuel García Morente, Edición de Manuel Garrido, Editorial Teknos, España, 2005, p.83