Y antes que nada contempla el color claro y transparente del cielo y todo cuanto éste contiene: los astros errantes por doquier, la luna y el sol con su resplandor incomparable.
Si todas estas cosas aparecieran ahora como por primera vez a los mortales, de manera tan brusca como imprevista; si se les mostraran a la vista, ¿qué podría citarse de más maravilloso que este conjunto de cosas, cuya existencia la imaginación de los hombres no se habría atrevido siquiera a concebir?
Nada, en mi opinión: semejante espectáculo parecería prodigioso.
Mira a tu alrededor: nadie —hasta tal punto llega su cansancio y su hastío— se digna levantar los ojos hacia las regiones luminosas del cielo.
Lucrecio, De rerum natura II, 1030-1039. Citado por Pierre Hadot, Ejercicios espirituales y filosofía antigua, Siruela, Madrid, 2006, p. 284. (Traducción ligeramente adaptada para facilidad de lectura).
Jean-François Millet, Noche estrellada (1850)

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