Si Dios quiere evitar el mal y no puede, no es todopoderoso.
Si puede y no quiere, es malvado.
Si quiere y puede, ¿de dónde sale el mal?Y si no quiere ni puede, ¿por qué llamarlo Dios?
La paradoja suele atribuirse a Epicuro, aunque no se encuentra en ninguno de sus escritos conservados. La fuente más antigua que se la adjudica es el apologista cristiano Lactancio (siglo IV), pero fue David Hume quien, en el siglo XVIII, le dio la forma breve de preguntas que hoy circula.
Nada de esto descarta que el argumento sí proceda de Epicuro: encaja bien con su teología, que admitía la existencia de los dioses pero les negaba cualquier intervención en los asuntos humanos.
Según una mención interesante en Wikipedia, el argumento no siempre se usa contra la existencia de Dios, sino contra la idea de una Providencia divina.
La cita la encontré por primera vez en Los porqués de un escriba filósofo, del buen Martin Gardner (1)(2).
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