lunes, 15 de septiembre de 2025

Agustín y la (intriga de la) lectura en voz baja

A propósito de la lectura de Las Confesiones de San Agustín, comparto un pasaje curioso. En los siglos IV y V D.C., el modo habitual de leer era en voz alta. Tan arraigada estaba práctica que, en el fragmento que presento, el propio Agustín observa a su amigo San Ambrosio leer en silencio y no puede sino expresar desconcierto y admiración:

Confesiones, Libro VI, Capítulo 3:

“Mientras leía, sus ojos corrían por las páginas y su corazón buscaba el sentido; pero su voz y su lengua descansaban. 

A menudo, cuando nosotros estábamos allí —pues nadie tenía prohibida la entrada, ni era costumbre anunciarle al visitante—, le veíamos leer en silencio de esa manera, y nunca de otro modo. 
Y después de haber estado sentados largo rato en silencio —¿quién se hubiera atrevido a interrumpir a un hombre tan abstraído?—, nos retirábamos suponiendo que durante el poco tiempo que podía encontrar para fortalecer su espíritu, descansando del tumulto de los asuntos ajenos, no quería ser distraído. 

Quizás lo hacía para evitar que un oyente, atento y cautivado ante un pasaje un tanto oscuro del autor que estaba leyendo, le obligase a explicar o discutir algunas cuestiones más difíciles, y por el tiempo que aquello consumiría no pudiera hojear tantos volúmenes como deseaba. 

Aunque también podrían meditarse otras razones: quizá quería cuidar su voz, que se le apagaba con bastante facilidad. Sea cual fuese la intención que le inducía a leer en silencio, seguro que era buena en un hombre como él.”


 Saint Augustine. 1650. Philippe de Champaigne. Los Angeles County Museum of Art

También les copio este cómic de Panchulei sobre el cambio en la forma de leer y el Link de la publicación original. Su página de historias ilustradas es muy interesante.